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John Reid: Ensendo a los ecologistas la economa de la naturaleza

Cameron Walker

El Fondo de Estrategia de Conservación (Conservation Strategy Fund) de John Reid está equipando a los medioambientalistas alrededor del mundo con el “know-how” económico requerido y demostrándoles a ellos cómo comunicar sus hallazgos a los tomadores de decisiones.

John Reid: Ensendo a los ecologistas la economa de la naturaleza

por Cameron Walker


(traducido por Ricardo Gonz¡lez, Profesor asistente de Econom­a de Recursos Naturales, Carrera de Ingeniera en Recursos Naturales, Universidad de la Frontera, Chile)

Los conservacionistas pueden proteger la naturaleza por demostrando el valor de los servicios ecosistmicos y cu¡les proyectos de desarrollo acarrean los mayores beneficios al menor costo ambiental. El Fondo de Estrategia de Conservaci³n (Conservation Strategy Fund) de John Reid est¡ equipando a los medioambientalistas alrededor del mundo con el “know-how” econ³mico requerido y demostr¡ndoles a ellos c³mo comunicar sus hallazgos a los tomadores de decisiones.

4 de Septiembre de 2009 | En 1997, John Reid ya saba que la conservaci³n y la economa son inseparables.

“Todo lo que tº tienes que hacer es gastar un d­a en terreno de cualquier pa­s en desarrollo en cualquier regi³n donde se estn llevando a cabo esfuerzos de conservaci³n”, dice, “y tº ves que los problemas de desarrollo econ³mico son una parte integral de la soluci³n de los desafos de conservaci³n”


En este momento, sin embargo, pocos conservacionistas han mirado los problemas medioambientales a travs de los lentes de la economa.

Entonces, mientras l pedalea desde su casa al trabajo en el programa de recursos econ³micos de “Conservation International”, en Washington, DC, Reid comenz³ a reflexionar sobre la din¡mica de la comunidad de la cual l lleg³ a ser parte: Una comunidad de la conservaci³n cuya cultura primaria fue la biolog­a y ecologa, y cuya bºsqueda para proteger las especies y la tierra fue dirigida por la ciencia y por el amor a la naturaleza –m¡s que por una apreciaci³n utilitaria del valor de la naturaleza para la sociedad y la industria.


¿Qu pasa si los conservacionistas toman un curso r¡pido de economa?


Las ruedas de Reid giran a lo largo del puente sobre el r­o Potomac, y “una variedad de diferentes ideas y piezas encajan en su lugar,” dice l. “Mientras me encontraba en mi casa, tuve una idea muy bien formada, de la manera como es hoy”. Esta idea se convirti³ en “
The Conservation Strategy Fund”, la cual se dedica a dar clases de econom­a para los conservacionistas y conduce sus propios an¡lisis de proyectos de infraestructura. Con cursos de entrenamiento varias veces cada ao en Estados Unidos y Sud Amrica, la fundacin ayuda a la gente que trabaja en muchas de las ¡reas amenazadas del mundo a adquirir las herramientas que necesitan para entender el rol de las decisiones de economa medio ambiental y para comunicar el rol que tiene el valor econ³mico de los servicios ambientales para que los diseadores de pol­tica puedan confrontar la toma de decisiones relacionadas con el desarrollo.


Randy Curtis dice que es imposible dimensionar la importancia de decantar ese valor y luego llevarlo a la gente adecuada. Un consejero “senior” de pol­tica para las relaciones internacionales de gobierno con “The Nature Conservancy”, dice que una respuesta t­pica para la conservaci³n tradicional es: “No me hables de los p¡jaros o las abejas, o la biodiversidad, o endmico esto y amenazado aquello”.  Los disedores de pol­tica quieren nºmeros, dice, -y usualmente con el signo dlar en frente de ellos- para convencer a sus constituyentes, colegas y la prensa.

 

Las ruedas comienzan a dar vueltas


Reid y sus colegas ahora enseí±an a los conservacionistas cí³mo usar la economí­a para mostrar los verdaderos costos y beneficios de los proyectos propuestos.  Aíºn, cuando Reid recién comenzí³ la CRF, su propia visií³n de otra realidad econí³mica –el “funraising” (bíºsqueda de fondos de financiamiento) –  era “bastante ingenua”, dice.  Una vez que él hubo rastreado las fundaciones con intereses similares, el pensí³ que con sí³lo enviarles una carta, la fundacií³n le enviarí­a dinero de vuelta.  Su primera tanda de cartas retorní³ con nada.  Pero su persistencia tuvo sus frutos: Unas pocas y pequeí±as donaciones, luego una serie de “grants” desde la “W. Alton Jones Foundation”, la fundacií³n “Charles Stewart Mott”, y el fondo “Moriah”, y entonces la CSF tuvo su propio camino.   El primer curso se lleví³ a cabo en Septiembre de 1999, en sociedad con el Smithsonian; los estudiantes provení­an principalmente de Latinoamérica, muchos de ONGs de conservacií³n y unos pocos de agencias de gobierno – el mismo perfil que se usa hoy en la mayorí­a de los cursos de la CSF.

Al principio, la CSF tení­a que comercializar los cursos a través de las redes de conservacií³n.  Ahora, la gente busca el curso. La CFS ofrece cursos exentos de pago en Brasil y otras partes de Latinoamérica; para esos cursos, mí¡s de 300 extremadamente calificados candidatos postulan por 25 puestos disponibles.

 

La CFS, en conjunto con el Centro para la Conservacií³n Biolí³gica de Standford, también realiza cursos basados en pago de un arancel.  Reid esperaba que el interés bajara durante la crisis econí³mica, pero el curso de este verano fue el mí¡s popular de todos.

“Nosotros tomamos algíºn crédito por vender la idea que la economí­a es importante para el trabajo de conservacií³n, y ese cambio de actitudes ha generado algo de la demanda”, dice, “En los íºltimos cinco aí±os, ha habido un creciente interés por la idea de los mercados ambientales, y que ha traí­do mí¡s gente que quiere entender la economí­a de los servicios ecosistémicos, y por supuesto, la mí¡s reciente manifestacií³n de ello es el asunto del carbono de los bosques”.

 

Comenzando en Brasil


El propio interés de Reid en trabajar en conservacií³n aparecií³ casi accidentalmente. Cuando él era un adolescente, sintií³ una fuerte conexií³n con las tierras píºblicas que rodeaban su hogar en el condado Marin, pero nunca pensí³ que tendrí­a una carrera que involucrara la naturaleza.

En 1991, cuando Reid tení­a 20 aí±os, fue a Brasil a aprender portugués; mientras estaba allí¡, hizo una pasantí­a en un proyecto medioambiental.

En ese momento, el ambientalismo en los trí³picos todaví­a era un movimiento algo modesto –pero en crecimiento- dice. “Yo descubrí­ que habí­a gente ahí­ afuera que estaba tratando de hacer una carrera afuera y tratando de proteger el medio ambiente”.

JohnReid.normal.jpgReid volvií³ a los Estados Unidos para tomar sus estudios de postgrado en polí­ticas píºblicas en la Universidad de Harvard, enfocí¡ndose en polí­tica ambiental y píºblica, y ha   estado inmerso en ese campo desde ese momento.
Con “Conservation International”, el estuvo estudiando un í¡rea que bordea una reserva píºblica en Brasil, donde CI y otros grupos conservacionistas querí­an incentivar a los propietarios privados a preservar los bosques, extendiendo el hí¡bitat de las especies en la reserva.  Reid y sus colegas buscaron todos los incentivos para que los propietarios cambiaran sus decisiones de cortar los bosques para habilitar tierras ganaderas por la de preservarlos para ecoturismo.

El proyecto ayudí³ al nacimiento de CSF.

“Era una manera muy sensible de ver las cosas, entender la economí­a antes de tratar de desentraí±ar cuí¡l era la estrategia apropiada de conservacií³n”, dice Reid acerca del proyecto. “Pero también era un método increí­blemente raro dentro de la comunidad de conservacionistas”.

 

Conservacionistas en   la sala de clases

 

Con la ayuda de los cursos de CSF, los conservacionistas –particularmente aquellos que trabajan en paí­ses en desarrollo y no tienen tiempo o dinero para obtener un doctorado en economí­a ambiental – estí¡n comenzando a hacer de la economí­a una parte integral de su trabajo.

 

Comenzando por lo bí¡sico

 

Los cursos bí¡sicos, comienzan con unos pocos dí­as de microeconomí­a – cí³mo los mercados y los individuos, familias y empresas se comportan como participantes de los mercados. En el intertanto, también ha habido otros cursos en valoracií³n econí³mica de servicios ambientales.  Reid dice que este tipo de cursos usualmente se saltan la teorí­a bí¡sica del mercado – cosas como la oferta y demanda, lo que hace que un mercado sea competitivo, o cí³mo privatizar un bien píºblico.

“Estos son todos temas clave, y tíº debes saber al menos lo bí¡sico para entenderlos”.

Entonces, los estudiantes buscan los métodos para asignar valor a los servicios ecosistémicos.

“La meta es darle a la gente una fluidez real y familiaridad con todo lo que comprenden estos métodos, cuí¡l es su potencial, cuí¡les son sus limitaciones, o dí³nde se pueden aplicar mí¡s apropiadamente”, dice Reid.

La siguiente parte de los cursos varí­a dependiendo del interés de los estudiantes. Un grupo interesado en los bosques puede enfocarse en economí­a forestal, explorando los conceptos que incluyen la economí­a bí¡sica de la madera, cí³mo se programa la edad de cosecha de los bosques, y qué decisiones deben tomar los dueí±os de los bosques.

El curso se va construyendo con un aní¡lisis costo-beneficio, usando planillas de cí¡lculo para calcular la tasa de retorno y el valor neto presente de una inversií³n, tomando ejemplos de todo tipo de situaciones desde una actividad agrí­cola de un pequeí±o propietario hasta un proyecto de una central hidroeléctrica de 6 mil millones de dí³lares, que amenaza un grupo indí­gena.

Los estudiantes entonces presentan sus resultados, extendiendo sus discusiones para una audiencia en particular: Polí­ticos, grupos de directores de ONGs, prensa.  Aquellos que deben hablar con miembros de la comunidad local tienen que manejar términos como “tasa interna de retorno” en sus explicaciones; si ellos tienen que hablar con un polí­tico, Reid dice que usualmente tendrí¡n solo 5 minutos para exponer el caso –“y, ademí¡s, el sujeto atiende una llamada telefí³nica en el medio de la reunií³n”.

 

Comunicando los cí¡lculos


El punto, dice Reid, es reforzar la idea que los níºmeros son iníºtiles, a no ser que puedan ser comunicados.

Los cursos no ofrecen economí­a ambiental como un método que cure todos los males de los problemas ambientales – ni tampoco convierte a los participantes en economistas de un dí­a para otro- pero Reid dice que los estudiantes se van con un conocimiento prí¡ctico para comenzar a trabajar en desafí­os de conservacií³n.

“Ellos pueden encontrar métodos de conservacií³n que sean mí¡s costo-efectivos, y pueden influenciar una polí­tica de desarrollo de manera que sea mí¡s econí³micamente eficiente, mí¡s equitativa y mí¡s ambientalmente sustentable”.

Los participantes, ademí¡s se van felices.

“Ellos dicen que es la mayor cosa que les haya pasado en toda su vida”, dice Curtis, quien ha ayudado a enviar como a 50 de los empleados de TNC al programa de CSF en Stanford.

 

Obteniendo resultados

 

Una de las metas originales de Reid, al mismo tiempo de darles a los conservacionistas una sí³lida formacií³n en economí­a ambiental, fue encontrar gente con un lado analí­tico que pudiera activamente perseguir este trabajo a lo largo de los mí¡s variados economistas ambientales.

Una vez que los cursos terminan, a menudo la CSF se ha unido con estudiantes para crear equipos de investigacií³n.


Un ejemplo: Después del primer curso en Brasil en el aí±o 2000, tres estudiantes querí­an hacer un aní¡lisis costo-beneficio de un proyecto de desví­o de agua.  El grupo era una verdadera mezcla: Un investigador analí­tico de gobierno, un activista de pelo largo proveniente del campo afectado, y un miembro de la agencia ambiental nacional.  Juntos, determinaron que el proyecto de desví­o de agua gastarí­a millones de dí³lares y darí­a rienda suelta a un estrago ambiental.

Con los datos convincentes entregados por los participantes del curso, las autoridades del gobierno nacional y del Estado “vieron que el proyecto era un elefante blanco”, dice Reid.  En cambio, ellos crearon un í¡rea protegida de 1.7 millones de acres, una de las primeras validaciones del trabajo de la CSF.

Desde entonces, ex-estudiantes han realizado influyentes trabajos en Tanzania, Panamí¡ y Brasil, entre otros lugares – y unos pocos hasta han llegado a ser parte del equipo de trabajo de la CSF.  Reid estima que el equipo de trabajo de 15 personas, basado en Brasil, Bolivia y los Estados Unidos, ha contribuido a la conservacií³n de cerca de cuatro millones de acres de hí¡bitat.

El Juego de la Consultorí­a

 

Mí¡s y mí¡s, se le pide a CSF que independiente de los cursos de enseí±anza, realice trabajos de aní¡lisis, y hoy dí­a el grupo provee de aní¡lisis costo-beneficio para proyectos de infraestructura de gran envergadura alrededor del mundo.

“Ellos son ahora reconocidos no solo como una gran organizacií³n de entrenamiento, sino también como un equipo honesto, objetivo y muy analí­ticamente competente para valorar el desarrollo de proyectos de infraestructura de gran envergadura”, dice Jason Cole, un oficial “senior” del programa de la Fundacií³n de Gordon y Betty Moore, una de las fuentes de financiamiento de la CSF.  “Sus hallazgos y conclusiones poseen mí¡s peso ahora y estamos viendo que su trabajo estí¡ influenciando directamente las decisiones de los diseí±adores de polí­tica”

En Brasil, La CSF ha estudiado un í¡rea del Amazonas donde se proponí­a un proyecto de reconstruccií³n de un camino de gran tamaí±o –y encontrí³ que el proyecto no tiene beneficios econí³micos, dice Reid.  Dos estudiantes brasileí±os que se convirtieron en miembros del plantel de la CSF han hecho aní¡lisis costo-beneficio y buscado los costos de proteger la tierra a lo largo del camino en el caso que el camino se reconstruya.

Un Catí¡logo de Cursos en Evolucií³n

 

Cuando Reid comenzí³ en 1998, la valoracií³n de los servicios ecosistémicos fue solo el comienzo para echar raí­ces.

 
“Desde que comenzamos a hacer este trabajo, el mundo ha cambiado” dice Reid.  Los cursos de la CSF necesitan estar siempre evolucionando, de manera que Reid y sus colegas estí¡n ocupados en lo íºltimo en investigacií³n y polí­ticas sobre economí­a y el medio ambiente, de manera de reforzar sus cursos con informacií³n actualizada”.

 
“Desde el comienzo, le hemos enseí±ado a la gente a cerca de los instrumentos de mercado para la proteccií³n del medio ambiente, de manera que hemos estado hablando acerca de los impuestos ambientales, y hemos estado hablando acerca de “cap-and-trade” (Método para reducir emisiones por medio del cual la autoridad fija un lí­mite a las emisiones “cap”, y aquellos que contaminan mí¡s del lí­mite deben comprar derechos de emisií³n que le sobran a los que emiten menos, de manera que existe un incentivo econí³mico a reducir emisiones y esa reduccií³n transarla “trade” en el mercado), y el concepto de cí³mo los mercado pueden lograr las metas ambientales de manera costo-efectiva si ellos estí¡n actuando correctamente,” dice Reid. “De manera que es un salto corto hablar ahora acerca de REDD (“Reduced Emissions from Deforestation and Forest Degradation”, es decir, reduccií³n de emisiones provenientes de la deforestacií³n y la degradacií³n de los bosques) y el tipo de cosas que la comunidad internacional estí¡ tratando de resolver.

Reid ya ve una necesidad por mí¡s entrenamiento basado en economí­a sobre este asunto –Ellos ya han tenido que comenzar a incorporar algo de informacií³n basada en REDD en los cursos actuales.

“Dependiendo de lo que resulte en Copenhagen, nosotros vamos a lanzar una serie de cursos especí­ficos de entrenamiento de economí­a basados en REDD el prí³ximo aí±o”, dice.

La conservacií³n marina es otra í¡rea que la CSF planea crecientemente proyectar para sus estudiantes. El medio ambiente marino costero es increí­blemente valioso del punto de vista econí³mico. Dice Reid, y las herramientas de polí­tica para la conservacií³n estí¡n a menudo ya en su lugar correcto como para cambiar este valor econí³mico en conservacií³n.  


“Aíºn mí¡s allí¡ de los bosques tropicales, hay una oportunidad real de amarrar los intereses econí³micos y los intereses de conservacií³n, dice.

 

Entrando al surco

 

En Panamí¡, hay un í¡rea de bosques híºmedos donde el aní¡lisis de CSF ayudí³ a la gente local a luchar contra un camino propuesto que habrí­a ido a través de un parque nacional y hubiese destruido un popular sitio de caminatas. Reid volvií³ el íºltimo otoí±o y caminí³ el sendero en el Parque Nacional Volcí¡n Baru; la lluvia que cae todo el dí­a y que es filtrada por los í¡rboles le hizo recordar una caminata de invierno en Carolina del Norte.

 “Me sentí­ completamente en casa y muy regocijado que todaví­a existiera, y que nosotros jugamos un rol protegiendo el lugar”, dice Reid.


El estí¡ en conocimiento de cí³mo también llevarse a otros hacia afuera del camino. Reid, tí­picamente solicita reuniones que incluyan una caminada o una vuelta en bicicleta, dice Cole –una oportunidad no sí³lo para discutir acerca del proyecto a mano, sino también para experimentar el mundo natural para el cual ellos estí¡n trabajando para proteger.

Cuando Reid anda en lo suyo, usa su bicicleta de montaí±a para entrar en la misma zona mental que alimentí³ por primera vez a la “Conservation Strategy Fund”.

 

“Yo me di cuenta que mi cerebro funcionaba de acuerdo a algíºn tipo diferente de patrí³n cuando pedaleo en mi bicicleta, y se me vienen nuevas ideas y emergen las soluciones a los problemas”, dice, “Andar en bicicleta es también una gran forma de tener la necesaria disciplina para salir regularmente a la naturaleza y recordar por qué Yo estoy haciendo este trabajo”.

Cameron Walker contribuye regularmente para “Ecosystem Marketplace”. Ella puede ser ubicada en cwalker(at)nasw.org.


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